El multimillonario candidato presidencial republicano en EEUU, Mitt Romney, tiene turbias operaciones financieras en el extranjero, algunas en paraísos fiscales, y se niega a difundir sus declaraciones de impuestos, prácticas de muy mal gusto -y bordeando lo ilegal- en un aspirante a la presidencia.
Los estadounidenses tienen un dicho: no hay nada segu-ro en esta vida más que la muerte y los impuestos. Pero para el multimillonario Mitt Romney, ex-gobernador del estado de Massachussetts y aspirante a la presidencia por el partido republicano, parece que sólo la muerte es segura.
La edición de agosto de la revista Vanity Fair investiga el mundo de las finanzas extranjeras, revelando lagunas jurídicas que permiten que los ultra-ricos escapen de las leyes fiscales. Según el informe, Romney y su esposa, Ann, parecen aprovecharse de todas estas lagunas para pagar la mínima suma de impuestos.
Se conoce que el patrimonio neto de Mitt y Ann llega al menos a 250 millones de dólares, lo que significa que cuando Romney sea nombrado oficialmente el candidato republicano en agosto, será uno de las personas más ricas en ser nominado como candidato presidencial en la historia del país.
Sin embargo, cómo y dónde tienen ese dinero invertido es un acertijo difícil de adivinar debido a la falta de transparencia. La revista asegura que el aspirante a la Casa Blanca se ha enriquecido con diferentes paraísos fiscales en el extranjero.
A raíz de presiones del público y de su propio partido, Romney reveló en enero una depurada declaración de impuestos del 2010 y un estimado para el 2011, pero se niega a divulgar declaraciones anteriores, diciendo que los demócratas los usarán para "distorsionar y mentir". Con la poca información que reveló sobre sus finanzas y las de su esposa, se puede ver que la multimillonaria pareja paga una tasa de impuestos cerca del 15% (US$6,2 millones en impuestos por US$42,5 millones de ingresos), muy por debajo de los gravámenes que se aplican a los ingresos regulares de la mayoría de los ciudadanos, más cercano al 30 o 35%.
Romney ha declarado que ha pagado "todos los impuestos requeridos por la ley, ni un dólar más". Sin embargo, es imposible verificar esta información por el extenso velo de secretismo que envuelve sus cuentas.
El Washington Post describió las declaraciones de Romney como "las más turbias que hemos visto".
Bain Capital
La mayor parte de la fortuna de los Romney viene de su trabajo con la empresa de inversiones de capital de riesgo Bain Capital, la cual dirigió por al menos 15 años. La campaña de Romney ha usado el éxito financiero de la empresa como prueba de que sería el candidato más apropiado para sacar a la economía estadounidense del hueco en la que se encuentra. Romney asegura que ayudó a salvar empresas de la bancarrota y que creó miles de empleos. Sin embargo, sus opositores han señalado que Bain -y sus dueños- se forraron de dinero descuartizando las empresas que compraban y ahogándolas en deudas, causando la pérdida de miles de empleos.
La fecha de cuándo Romney dejó la empresa parece ser un misterio y hay indicios de que éste mintió sobre cuándo abandonó la empresa. Él mantiene que abandonó la dirección de Bain en 1999 para dirigir los juegos Olímpicos de Invierno en Salt Lake City (Utah). Pero según documentos aportados por la SEC -siglas en ingles de la autoridad que vela por la seguridad de las inversiones y el mantenimiento de la integridad de los mercados de valores- y hechos públicos por el diario The Boston Globe, Romney habría sido el único accionista, presidente del Consejo y jefe ejecutivo de Bain hasta el año 2002.
La portavoz de Romney, Andrea Saul, ha declarado que "el Gobernador Romney dejó Bain Capital en 1999 para dirigir los Juegos Olímpicos y no ha tenido implicación ninguna en inversiones o manejo de compañías después de esa fecha".
¿Por qué es importante la fecha en la que Romney abandonó Bain? Porque la etapa más dura de la compañía respecto a cerrar empresas y reducir empleos sucedió en el tiempo en que Romney dice haber estado ya fuera de la dirección, lo que limpiaría su imagen frente al electorado de ser un empresario sin escrúpulos, responsable de la quiebra de decenas de empresas y de los despidos de miles de trabajadores.
Aún después de su retiro de Bain, las finanzas de Romney siguen enmarañadas con las de la empresa. Documentos analizados por Vanity Fair demuestran que Romney continúa recibiendo altos pagos de la empresa. Por ejemplo, en junio reveló cerca de US$2 millones en nuevos ingresos de Bain. La empresa tiene unos 138 fondos organizados en las Islas Caimán, y Romney tiene intereses en al menos 12, con un valor de unos US$30 millones, escondidos detrás de controversiales cláusulas de confidencialidad.
Paraísos fiscales
Las cuentas de los Romney en el extranjero son de particular interés. Un total de 55 páginas de la declaración de impuestos están dedicadas a estas inversiones extranjeras. Es difícil, y muchas veces imposible, saber cuánto dinero tiene Romney en estos intereses extranjeros, por lo que su verdadera fortuna puede ser muchísimo mayor que lo que el mismo Romney admite.
Mientras que se desconoce de algún presidente estadounidense haya tenido cuentas en Suiza, Romney tiene al menos una, así como en otros paraísos fiscales como Bermudas y las Islas Caimán. De hecho, una compañía suya registrada en Bermudas fue puesta a nombre de su mujer justo un día antes de que jurase como Gobernador de Massachusetts, una movida sospechosa, aunque aparentemente legal.
La portavoz de Romney ha dicho que su jefe "disfruta de los mismos beneficios que cualquier otra persona con fondos de retiro", pero los fondos de retiro de Romney parecen utilizar empresas ubicadas en paraísos fiscales cuyo único propósito es evadir impuestos. Funciona de esta forma: los fondos de retiro invierten en una empresa extranjera y esta empresa entonces invierte en empresas estadounidenses, ahorrándole impuestos a los inversionistas. Esto es legal pero significa que la defensa de Romney de que no ahorra impuestos al invertir en el extranjero, simplemente es mentira. Imposible saber qué otros secretos esconden las finanzas de los Romney.










