En las últimas semanas callé mis objeciones sobre la ingenuidad de la campaña opositora y la apoyé como una tontería inevitable.
Dije que la Oposición metería más votos en las cajas pero que ganar las elecciones era algo distinto y más complejo.
Señalé la necesidad de vigilar el sistema electoral -ya que no se atrevieron a rechazarlo- diseñado para el fraude...(¿o no?).
Siempre concluí con la advertencia de que decisiva sería la actitud del candidato opositor a las diez de la noche.
Ahora no voy a esperar las próximas elecciones regionales o el deceso de Chávez, para plantear lo fundamental.
Los chavistas votarán por el chavista y los anti-chavistas por el otro, no importa quién sea. Así que el candidato no es lo que importa.
Si, como digo, el candidato no importa, ¿qué importa? Importa el sistema electoral.
Algunos políticos profesionales y otros amateurs dicen que ese sistema es honrado. Mienten a sabiendas.
Cambiar el sistema electoral es el objetivo, y los políticos que hagan otra cosa nos estarán engañando. Ya no callaré.










